La directora noruega Maria Sødahl, reconocida por Hope, volvió a captar la atención internacional tras imponerse en el Festival de Cine de Göteborg con su nueva película “The Last Resort”, un intenso drama social que reflexiona sobre la crisis migratoria desde la mirada del confort europeo. Ambientada en un exclusivo complejo vacacional, la historia sigue a una familia danesa cuya aparente estabilidad moral se desmorona tras un accidente que involucra a un refugiado afgano. El resultado es un relato incómodo, humano y profundamente crítico que varios espectadores ya comparan con “The White Lotus” en versión realista.
Sødahl explicó que lo que la atrajo del proyecto fue su enfoque directo sobre el privilegio escandinavo. “Es una historia sobre nosotros, para nosotros, hecha por nosotros, blancos y privilegiados escandinavos. Eso es lo más genuino de la película, y también lo más provocador. Hay que entender el privilegio de esa situación”, afirmó. La cineasta añadió que le interesaba cuestionar la mirada humanitaria cómoda del norte de Europa: “Me fascinó investigar esa mirada bienintencionada que tenemos como escandinavos, sentados tan seguros en el norte. Puedes creer en teorías bonitas sobre acoger migrantes, pero cuando la teoría se enfrenta a la práctica surgen desafíos subconscientes”.
Lejos de plantear respuestas fáciles, la realizadora insiste en que el filme funciona como un espejo moral. “La película no trata sobre la crisis migratoria. Trata sobre cómo nosotros, los privilegiados, nos relacionamos con quienes no lo son. Es sobre nuestra autoimagen de ser buenas personas y cómo eso cambia cuando la realidad nos golpea de cerca”, señaló. Y remarcó el dilema central: “No hay respuestas correctas o incorrectas en esta historia porque, hagas lo que hagas, estaría mal. Solo quiero que el público se pregunte: ¿qué habría hecho yo en una situación tan incómoda?”.
Rodada en las Islas Canarias y con la participación de migrantes reales como extras, “The Last Resort” combina realismo y tensión contenida para construir un drama sin sátira, algo que la propia Sødahl defendió: “No es un documental, es una fábula moral”. Tras su triunfo en Göteborg, la directora celebró el buen momento del cine noruego junto al éxito de Joachim Trier, aunque lanzó una advertencia: “Al mismo tiempo, la política cinematográfica en Noruega es desesperante… Noruega es una nación deportiva, no cultural”. Con esta obra provocadora, Sødahl confirma que el cine nórdico sigue empujando debates globales desde historias íntimas y profundamente actuales.