Hay estrellas que brillan desde el primer momento y hay otras que van creciendo hasta enceguecer. Zendaya es, sin lugar a dudas, de las segundas. Nacida el 1 de septiembre de 1996 en Oakland, California, comenzó su carrera como modelo infantil y bailarina de respaldo antes de consagrarse en Disney Channel, para luego saltar al cine con una fuerza que pocos anticipaban. Hoy, a sus 29 años, la actriz y cantante se ha transformado en uno de los nombres más cotizados y respetados de Hollywood, con una filmografía que combina blockbusters multimillonarios, dramas íntimos y ciencia ficción épica. Un recorrido que vale la pena revisitar de principio a fin.
El punto de partida más conocido —aunque no el más interesante— de su carrera en el cine grande es, inevitablemente, la trilogía de Spider-Man junto a Tom Holland. En las tres entregas del Universo Marvel, Zendaya construyó un personaje único: una MJ inteligente, irónica y con una actitud desafiante que rompió con todos los moldes del clásico interés romántico del superhéroe. Pero fue también en El Gran Showman (2017), junto a Hugh Jackman, donde la joven californiana dejó una huella inesperada: interpretó a Anne, una trapecista que forma parte de la compañía de circo de P.T. Barnum, demostrando que podía combinar actuación, canto y danza con una gracia natural que pocas actrices de su edad poseen. Una película que, vista hoy, funciona como la primera gran señal de lo que estaba por venir.
La explosión definitiva llegó con Dune, la monumental adaptación de Denis Villeneuve de la novela de Frank Herbert. Si bien en la primera parte su participación fue más acotada, Dune: Parte Dos convirtió a su personaje, Chani, en el verdadero eje emocional del relato, en un mano a mano extraordinario con Timothée Chalamet que mostró todo el rango dramático de la actriz. Chani es, hasta el momento, el personaje más complejo y poderoso que Zendaya ha habitado en la pantalla grande: una guerrera feroz, apasionada y profundamente humana que resume todo lo que la actriz puede hacer cuando un director confía plenamente en ella. Una actuación que, sola, justifica el maratón de ambas películas.
Para descubrir la faceta más cruda y valiente de Zendaya, Challengers —conocida en Latinoamérica como Desafiantes— es una parada obligatoria. Dirigida por Luca Guadagnino, la película la coloca en el centro de un triángulo amoroso cargado de tensión, ambición y pasión reprimida dentro del mundo del tenis profesional, en una actuación que le valió el reconocimiento unánime de la crítica internacional y la consolidó como una de las intérpretes más fascinantes del cine contemporáneo. Completa el panorama Malcolm & Marie, el intimísimo drama filmado en blanco y negro durante la pandemia de 2020, donde comparte pantalla con John David Washington en una noche de reproches, amor y verdades que duelen: una actuación visceral y emotiva que explora la complejidad de los sentimientos humanos en su estado más desnudo y honesto.
Zendaya es, hoy por hoy, mucho más que una cara bonita en un traje de superhéroe o una estrella de Disney reconvertida. Es una actriz que elige sus proyectos con una inteligencia y una visión artística que resultan poco comunes en alguien de su edad. Su papel como Rue Bennett en la serie Euphoria la convirtió en la ganadora más joven del Premio Emmy a la Mejor Actriz en una Serie Dramática, distinción que obtuvo en dos oportunidades, coronando una trayectoria que ya no admite dudas. Con nuevos proyectos en el horizonte y una versatilidad que parece no tener techo, ver su filmografía de corrido no es solo entretenimiento: es asistir al crecimiento imparable de una de las grandes figuras del cine del siglo XXI.