Review de ‘Letras Robadas’ por @javiercarrizo_cine
El director, guionista, productor, compositor y músico nacido en Dublin, Irlanda, John Carney, llega a todas las salas del país con una emotiva y reflexiva película que supo ser clausura de la última edición de BAFICI.
El autor de 54 años, se planta en su ciudad natal para a partir de allí, situar a una historia que implica como carácter central, al arte de organizar de manera sensible y lógica una combinación coherente de sonidos y silencios. Desde ese terreno que conoce a la perfección, Dublin e Irlanda, Carney desarrolla un relato coherente, eficaz, en el que seguramente más de un/a espectador/a pueda ver reflejada una experiencia de vida similar.
El director de Once (2007), ¿Puede una canción de amor salvar tu vida? (2013), y Sing Street: Este es tu momento (2016), se afianza sobre una temática que ya ha abordado en trabajos anteriores y recién mencionados, para hurgar sobre el añorado reconocimiento, la fama, y los quehaceres de una realidad que como es el caso, pueda ser la aceptada pero no la deseada.
Para la ocasión, Rick (Paul Rudd), es un cantante de bodas venido a menos, y Danny (Nick Jonas), una estrella de una banda de pibes que contempla la posibilidad de hacer la suya como solista. Resulta que Rick con su “weeding band” se presentan en una mansión, en otra tarde/noche de “trabajo”, y allí conoce a Danny. En el marco de esa velada pegan buena onda, y Danny lo invita a una lujosa habitación equipada con instrumentos varios, por lo que transcurren la misma entre alcoholes y canciones de ambos. El problema adviene cuando Rick escucha su canción compartida esa noche con Danny, la pegadiza “How to Write a Song (Without You)”, pero interpretada por el joven que ostenta dejar la “boy band”, para estallar en su faceta en solitario. Al darse esta situación, Rick está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar un reconocimiento que realmente merece.
Lo más asombroso de todo esto es que Carney se posa sobre una comedia con tintes de drama para sobrellevar una sobre derechos de autor, y para realizar una fuerte denuncia sobre el proceder de la industria, en su intento de mercantilizar absolutamente todo lo que se le pone en el camino. “Todo no se compra, todo no se vende…”, nos recuerda Fernán Mirás hacia el final de Tango Feroz (1993). Salvando las distancias, Carney evidencia un tacto inigualable para contar una historia sencilla, sumamente empática, con interpretaciones fantásticas y a la altura, por medio de una puesta consecuente al mundo narrado, y que además obliga a tararear un verdadero hit, por lo menos durante un largo rato post visionado.