Un vuelo alto frenado por su propia soga narrativa – ‘Supergirl’ (2026) por Selena Carrillo.
La llegada de Kara Zor-El a la pantalla grande con Supergirl prometía ser el gran puntapié para expandir el nuevo universo cinematográfico de DC. Sin embargo, tras salir de la sala, la sensación general es agridulce. La película nos entrega una encarnación del personaje absolutamente impecable y una base audiovisual fabulosa, pero se autosabotea con una estructura de trama vacilante y decisiones de guion que le impiden volar con la fuerza que merecía.
Un dúo con química y el estorbo de la trama
Empecemos por lo verdaderamente alto de la producción: Supergirl (Milly Alcock) como personaje es genial. Está extraordinariamente bien hecha, actuada y personificada, capturando la esencia perfecta de la heroína. A su lado, Lobo (Jason Momoa) resulta una adición fantástica, aportando un carisma brutal que se roba cada escena.
El verdadero problema de la película radica en la estructura de su trama y, específicamente, en el personaje de Ruthye (Eve Ridley). No solo no produce empatía en ningún momento, sino que termina actuando como una “garrapata narrativa”. Su presencia se siente como un estorbo constante. La película se convierte en un ida y vuelta agotador donde Supergirl tiene que frenar todo para salvarla a ella, en lugar de concentrarse en buscar el antídoto para Krypto (previamente envenenado al comienzo de la trama), que era la verdadera razón por la cual todos los espectadores estábamos al borde del asiento.
Y es una pena total no haber visto más a Krypto. Cada vez que la trama intenta avanzar hacia lo que realmente importa, la soga de tener que proteger a Ruthye te tira para atrás. Avanzás un poco, y la soga te vuelve a tirar.
Tal vez, si la película se hubiese enfocado mucho más en la dinámica de Supergirl y Lobo —ella motivada por salvar a su perro y él como un cazafortunas— con una historia mucho más directa y lineal donde el conflicto se centrara en más factores del villano (que quedaron sueltos), estaríamos hablando de otra cosa. En su lugar, se eligió poner demasiado peso emocional en un personaje que no llega a ser querible y menos en Kara Zor-El, Krypto y el apocalíptico mundo de los antagonistas.
El “Rincón Cómodo” y el techo de cristal de la industria
Con respecto a las inevitables comparaciones de “es una ‘Guardianes de la Galaxia‘ 2.0″, la verdad es que no molesta. No es algo malo en absoluto; es una estructura de aventura espacial que ya existía desde mucho antes de la película de Marvel y que acá funciona de forma entretenida y esta bien hecha.
El realidad el punto débil de fondo ahí, es el villano, Krem of the Yellow Hills (Matthias Schoenaerts), que dista mucho de ser increíble y prácticamente billa por su ausencia.
Pero esto responde a un mal endémico de Hollywood: al ser Supergirl un personaje considerado “menor” dentro de un universo cinematográfico donde el resto de sus apariciones están pensadas para ser menos e irrelevantes, la industria jamás le va a poner un antagonista a la altura de los que le pondrían a Batman o a Superman (algo que sí pasa en los cómics donde ella es la protagonista absoluta).
Pasa lo mismo con casi todas las películas de inicio de personajes femeninos. Parece una regla no escrita: no solo suelen tener una única oportunidad en solitario, sino que se les construye una película básica, diseñada exclusivamente para dejar a la heroína “cómoda en su rincón” con un contexto explicado detrás. Ya lo vimos pasar con ‘Wonder Woman‘, ‘Black Widow‘, ‘Captain Marvel‘ o ‘Birds of Prey‘. Los villanos nunca están a la altura.
Lamentablemente, la estructura misógina que impera en la industria del cine tiende a utilizarlas como excelentes acompañantes en películas de personajes masculinos, pero les suelta la mano cuando les toca brillar solas. En el caso de DC, queda en evidencia que todo el peso real y la inversión pesada ya están reservados para Superman y la futura película de Batman.
Veredicto
‘Supergirl‘ no es una mala película; de hecho, tiene momentos de acción y caracterización fantásticos que se disfrutan un montón gracias al nivel de sus protagonistas y la fidelidad de su propuesta cósmica. Sin embargo, se siente atada. Es una aventura que se debate entre el potencial épico de Kara Zor-El y la pesadez de una subtrama que no suma nada, dejándonos con ganas de haber visto una odisea espacial mucho más libre, lineal y directa.
Puntuación: 3/5