Un espectáculo visual deslumbrante sacrificado por la era moderna – ‘The Odyssey’ (2026) por Selena Carrillo.
La llegada de Christopher Nolan a la adaptación del poema épico de Homero en The Odyssey prometía ser, sin lugar a dudas, uno de los eventos cinematográficos más majestuosos de la década. En el apartado estrictamente técnico y visual, la película no defrauda en absoluto: tal como se esperaba del director, la fotografía es abrumadoramente increíble, con marcos gigantescos y un uso de efectos prácticos por sobre el CGI que te deja con la boca abierta.
Sin embargo, cuando analizamos la estructura de su guion y el montaje, la película empieza a mostrar grietas difíciles de pasar por alto.
El montaje es un TikTok de tres horas
Uno de los aspectos más desconcertantes de la cinta es su ritmo frenético, particularmente en su primer tercio. La película se puede estructurar en tres bloques:
El planteamiento: La presentación masiva de personajes e Ítaca.
La travesía: La epopeya del viaje de Odiseo (Matt Damon) atravesando los peligros del mar.
El retorno: La resolución final y el enfrentamiento en el hogar.
El gran problema es que todo el primer tercio son frames que duran un segundo. Pasa de un corte a otro tan rápido que la película se siente literalmente como una edicion viral online. Ese ritmo a las corridas no solo resulta incómoda, sino que genera fallas visibles de continuidad.
Gran parte de esta fragmentación obedece a las limitaciones técnicas del formato elegido: la decisión (y capricho) de filmarla íntegramente en IMAX. Aunque el resultado visual en pantalla gigante es maravilloso, estas cámaras solo permiten grabar rollos de aproximadamente tres minutos antes de tener que detener la producción para cambiarlos. Esa barrera física se traslada al montaje final, dando la sensación de que el director tuvo que ensamblar “parches” de escenas como pudo, resintiéndolo en el ritmo de las actuaciones.
Diálogos explicativos y la era del streaming
Lo más molesto sin dudas es el guion. Matt Damon ya contó hace un tiempo que las productoras le piden a los guionistas que los diálogos expliquen absolutamente todo lo que pasa en pantalla porque la gente consume contenido por streaming mientras mira el celular. Y en The Odyssey esto pasa todo el tiempo.
Los personajes no conversan; se presentan constantemente de forma redundante, sobreexplicando cada acción en pantalla como si fuera un boceto de comedia repetitivo.
Otro gran problema es que la esfera ambiental nunca termina de coordinar con el estilo de los diálogos. La película se siente y se ve visualmente clásica, épica y de época, pero choca de frente con un dialecto que suena demasiado moderno y descolocado para lo que estás viendo en pantalla.
Esto fue un tema previamente charlado en redes, a lo cual frente a la lluvia de críticas, el propio Tom Holland (Telémaco) salió a defender el tono argumentando que en esa época tampoco hablaban en inglés antiguo o formal, sino en griego clásico, por lo que usar “Dad” en lugar de “Father” no le parecía técnicamente incorrecto. Por su parte, Nolan respaldó la decisión explicando que buscaba despojarse de los “prejuicios culturales” y la solemnidad con la que se suele retratar al mundo antiguo, intentando que el texto se sintiera “fresco, terrenal y accesible” para la audiencia moderna.
Sin embargo, en la práctica… esa búsqueda de accesibilidad termina rompiendo la inmersión y desentonando por completo con la “majestuosidad” visual que propone la película.
Veredicto
The Odyssey es una experiencia rara. Como espectáculo pochoclero de gran escala, es un circulo completo: la fotografía, los efectos y la escala son un 10 rotundo que hay que ver en la pantalla más grande posible. Pero como historia dramática, se queda corta. Adaptar un clásico a un montaje súper acelerado y con diálogos pensados para “la modernidad” le saca todo el peso trágico a la historia. Se deja ver, se pasa rapidisimo y se disfruta, pero daba para muchísimo más.