Chris Evans: mucho más que el escudo del Capitán América

Hay actores que quedan atrapados para siempre en un solo personaje. Y hay otros que, aún cargando con el peso de un ícono cultural a cuestas, logran construir una carrera propia, diversa y sorprendente. Chris Evans pertenece al segundo grupo. Nacido el 6 de abril de 1969 en Passaic, Nueva Jersey, el actor estudió teatro antes de debutar en televisión a comienzos de los noventa, dando sus primeros pasos en comedias juveniles y series de bajo perfil que nadie imaginaba como el preludio de una de las trayectorias más sólidas de Hollywood. Hoy, con más de tres décadas de carrera encima, Evans es mucho más que el hombre del escudo: es un intérprete completo, versátil y con un instinto para elegir proyectos que raramente falla.

El punto de partida obligado es, claro, el Universo Cinematográfico de Marvel. Capitán América: El primer Vengador fue la puerta de entrada al MCU, presentando al supersoldado Steve Rogers en su origen más puro y patriótico, mientras que Capitán América: El soldado del invierno elevó el listón al convertirse en un thriller político de alto voltaje que redefinió el género de superhéroes. Pero el verdadero cierre de oro llegó con Avengers: Endgame (2019), que se transformó en la segunda película más taquillera de toda la historia con una recaudación de 2.700 millones de dólares, despidiendo al Capitán América con uno de los arcos narrativos más emotivos y completos que el cine de acción haya producido jamás. Una saga que, vista de corrido, es una experiencia cinematográfica sin igual.

Pero quien quiera descubrir al Evans más afilado e impredecible, tiene dos títulos ineludibles fuera del universo Marvel. El primero es Snowpiercer (2013), el épico thriller distópico del coreano Bong Joon-ho —el mismo de Parásitos—, donde Evans encarna a Curtis Everett, un líder revolucionario que encabeza un levantamiento de los pasajeros más pobres en la parte trasera de un tren postapocalíptico que recorre eternamente una Tierra congelada, en una actuación oscura, física y visceral que muchos consideran la mejor de su carrera. El segundo es Puñales por la espalda (Knives Out, 2019), donde el director Rian Johnson le ofreció uno de los roles más divertidos y antiheroicos de su trayectoria: el de Hugh Ransom Drysdale, el heredero malcriado y arrogante sospechoso del asesinato de su propio abuelo millonario, en una actuación tan repelente como magnética que generó debates interminables en redes sociales.

Para los que buscan su faceta más tierna y humana, Un don excepcional (Gifted, 2017) es una parada obligatoria. En el filme dirigido por Marc Webb, Evans da vida a Frank Adler, un hombre soltero que cría a su sobrina Mary, una niña prodigio de siete años con un talento matemático extraordinario, en una actuación contenida y genuinamente emotiva que demuestra que este actor puede hacer llorar con la misma facilidad con que provoca carcajadas. Y el capítulo más reciente de su filmografía llegó con Amores Materialistas (Materialists, 2025), la comedia romántica de Celine Song producida por A24, donde comparte pantalla con Dakota Johnson y Pedro Pascal en un triángulo amoroso ambientado en el competitivo mundo de las citas de lujo en Nueva York. La película recaudó más de 104 millones de dólares a nivel mundial y confirmó que Evans sigue siendo una presencia magnética en cualquier género que decida explorar.

Con más de treinta años de trayectoria, Chris Evans ha demostrado que el talento verdadero no se agota cuando se cuelga el escudo. De los blockbusters del MCU a los thrillers de autor, pasando por dramas familiares y comedias románticas de autor, su filmografía es un recorrido tan variado como entretenido que invita a ser descubierto —o redescubierto— sin prisa. Evans ha figurado en cuatro ocasiones en la lista anual de Forbes de los actores mejor pagados del cine y es uno de los diez intérpretes más taquilleros de toda la historia de Hollywood, cifras que hablan por sí solas. Ver sus películas de principio a fin no es solo pasar un buen rato frente a la pantalla: es confirmar que, detrás del uniforme de supersoldado, siempre hubo un actor de primera línea esperando ser descubierto.