Review de ‘Cumbres Borrascosas’ por @javiercarrizo_cine
La más virtuosa adaptación cinematográfica de la década llega de parte de una autora que deja de ser emergente para consolidarse como una de las más relevantes de su generación. Impactante versión de Cumbres Borrascosas de la directora de Promising Young Women (2020), y Saltburn (2023).
En 2020, la ópera prima de Emerald Fenell (actriz, guionista, productora, directora y autora inglesa), desarrolla durante un poco menos de dos horas una denuncia necesaria a los tiempos que se viven. Y el merecido Oscar otorgado por la Academia de Hollywood, en la categoría de Mejor Guion Original, es un premio al tema de una narrativa que reluce como propuesta y libro original de un plan estético que Emerald lleva a cabo con creces. A su vez, la muy oportuna inclusión de frescos nuevos originales de canciones como It´s Raining Men de DeathbyRomi, o la fabulosa y premonitoria (por lo que sucede en la historia), Toxic por Anthony Willis, conjugan junto a la fotografía, al arte y al ya mencionado guion, un espectáculo que supera los parámetros de lo artístico. El techno pop fusionado con toques de synth industrial le otorga junto a la propuesta de arte, una estela un tanto más noventosa al asunto. Todo ello como un elocuente homenaje sobre un pasado que el posmodernismo sabe muy bien que no puede recuperar.
Ya en 2023 con Saltburn, y con Jacob Elordi integrando un elenco de Fenell por primera vez, el personaje de éste interpreta a Felix Catton, un joven aristócrata inglés, rico, popular y carismático, que estudia en la Universidad de Oxford, y que invita al protagonista Felix Quick (Barry Keoghan), a pasar el verano en la finca de su excéntrica familia. La producción le valió, ente otros, dos nominaciones a los Globos de Oro a la directora.
Y por lo que desde Cumbres Borrascosas se infiere, es que Fenell mantiene el espíritu de denuncia de sus dos primeras películas, pero se aleja al asumir esta nueva lectura en un marco de época, de aquella que se conformaba por un tiempo presente un tanto pasado al reciente. La épica pop extrema, moderna, desgarradora, gótica, desmesuradamente pasional, y tóxica historia de amor entre Catherine (Margot Robbie) y Heathcliff (Elordi), es un relato clásico y melodrama, que por medio de una estructura clásica, y de todos los arquetipos del género, demuestra como un renovador lenguaje alternativo exalta las plantillas tradicionales, al conjugar los poderosos elementos de sentido que del propio mecanismo se desprenden, para concebir esta verdadera obra maestra contemporánea.
Cathy es una niña que vive con su padre y una fiel servidora, hasta que éste adopta a un niño huérfano llamado Heathcliff. Ambos comparten una recíproca e intensa relación afectuosa, hasta que el padre de Cathy entra en bancarrota y ésta decide casarse con el Sr Linton. La diferencia de clase sumada a la también mutua traición emocional, no sólo divide a las dos familias, sino que a través de un dispositivo que exagera en demasía las circunstancias, enfrenta a Cathy y Heathcliff a una erótica e incondicional controversia, pero siempre mediante la transgresión como bandera.
Entre otras subliminalidades, el bollo de harina amasado que se resignifica como el golpe al sonido de la carne en el lapso de excitación de Catherine, se presenta por ejemplo, como un elemento de significado en el que el tono atraviesa la estética de un film que se conforma sonoramente por otra lección de melomanía que fluye desde impecables secuencias elaboradas, con una precisa iluminación que subraya una descomunal dirección de arte. Las brutales escenografías que se ajustan al plasmado estilo aplican en una idéntica sintonía, a la frescura que le aporta la música de Charli XCX, quien cuenta con la participación de John Cale, el mito vivo de The Velvet Underground, que corona en una canción, los preceptos disyuntivos que motivan los propósitos de su directora.
Por lo dirimido, y para incentivar las cualidades perceptivas que puedan alimentar con más soltura las subjetividades, ésta versión de Emerald Fenell sobre la obra de Emily Bronté, es una epopeya visceral, digna de ser vista en una sala con una exponencial calidad técnica.