[REVIEW] ‘La Novia’ (2026)

Review de ‘La Novia’ por @javiercarrizo_cine

Morbosidad con estilo en tiempos de extrema inhumanidad. El segundo largometraje como directora de la actriz Maggie Gyllenhaal es la más excéntrica, audaz y creativa versión de la novela “Frankenstein” de Mary Shelley. La inspirada en “La novia de Frankenstein” (1935), es un lúcido pastiche que rinde homenaje al cine clásico de Hollywood, y que además está protagonizada por el fenómeno Jessie Buckley.

Dos figuras clave para el estudio de los géneros cinematográficos como Rick Altman, quien argumenta que el género combina elementos semánticos (escenarios, personajes, vestuario) y sintácticos (estructuras, relaciones, tramas), y Steve Neale, quien se enfoca en la dinámica entre los géneros y su contexto industrial/social, enfatizando cómo el público espera y percibe las convenciones genéricas, tendrían quizás algunas observaciones para realizarle al film, en relación a la práctica del mismo en cuanto a su circunscripción en los diversos géneros, pero sobre todo Neale podría objetar que no todos los públicos podrían ver cumplidas sus expectativas previas respecto a lo que de su contexto industria/social publicitario se desprende.

Es difícil imaginarse inicialmente que la alucinante propuesta de Gyllenhaal recorra en dos horas y diez minutos una autopista desenfrenada en la cual se cruzan: el terror gótico, el policial negro, el drama, el romance, el musical, el thriller, el suspenso, el crimen, la road movie, la fantasía y la ciencia ficción. La Bonnie & Clyde posmoderna y con monstruos, es también el mejor homenaje al cine clásico de Hollywood luego de El Artista (2011) de Michel Hazanavicius, y de La Forma del Agua (2017), de Guillermo del Toro (ambas ganadoras del premio Oscar a la Mejor Película), porque su entorno situado en 1935 evoca en la película la necesidad de acercar el amor por el cine, con el despertar del cine sonoro, y la época dorada de un lenguaje y una maquinaria que obnubilaría al mundo. Pero no lo es sólo por ello, porque su propuesta en blanco y negro sumada al morbo, y a esa vocación de citar al cine en el cine, recuerda también a La música más triste del mundo (2003) del maestro Guy Maddin.

Y ahora bien, en el juego al que nos llamaron, transcurre el Chicago de los años ´30, cuando Frankenstein (Christian Bale) le pide ayuda a la Dra. Euphronius para crear una compañera. Del encuentro revive una novia asesinada, Frankenstein y la Novia viven su romance sin prejuicios pero a los tumbos, hasta que la institución policial (en una espléndida demanda identitaria), pone la mira sobre la pareja.
Allí convergen dos historias diferentes (no deja de provocar un asombro comprender que la trama principal continuará allí el resto de los hechos), por un lado la creación y nacimiento de la pareja, y por el otro, un segmento en el cual Penélope Cruz interpreta con solidez a una inteligente y sagaz detective que irá junto a una importante cuota de humor negro, detrás de los monstruos asesinos.

Quizás sea allí cuando se acaban las sorpresas en la narración, ya que el recurso pierde interés porque se vuelve sencillo peregrinar su decantación, y el pasional y desbordado rejunte de variedades o categorías, expone en un fabuloso e ingenioso dialecto compuesto por el resto de las especialidades cinematográficas, una sensible fisura en el sentido en el que se suceden los hechos.

En los vericuetos que propone el tiempo de un impecable montaje, se consagra un estilo que sufre nostalgia con elegancia, para que además exista espacio para una solicitud que reivindique a la figura femenina por sobre el hostigamiento de la masculinidad, diferenciando a la voz de la mujer de antes por la de hoy en día. Y todo esto sin haber casi mencionado a la estupenda actuación de Jessie Buckley, que siendo la máxima candidata a ganar el Oscar por Hamnet, nos obliga a señalar a la actriz, como un verdadero fenómeno en la actualidad.

La surgida como concursante de un programa de talentos de la BBC británica, que luego se matriculó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art (RADA) de Londres, y que alcanzó participaciones en teatro y tv, consolida su labor en el cine  con películas aclamadas como Beast (2017) y Wild Rose (2018), consiguiendo una previa nominación al Oscar por The Lost Daughter (2021). En la ocasión Buckley hace un culto del uso de la acción dramática que se logra a partir de signos cinéticos (ya sean de exageración, atenuación, neutralización o enmascaramiento), mímicos, gestuales, y proxémicos, para certificar que es sin lugar a dudas, la actriz del momento.  

Llama la atención la distancia que toma Gyllenhaal con la reciente Frankenstein del citado Guillermo del Toro, estableciendo la disparidad que puede hallarse en las variables de exégesis, para deducir y cumplimentar una producción exultantemente atrevida, ambiciosa y ocurrente.

Por medio de un dudoso guion y una estética cautivante, la directora de La hija perdida, desarrolla su epístola de amor al cine en el marco del más cruento de los escenarios para una versión de Frankenstein, que a su vez se alinea con el presente geopolítico del mundo real.