Rotterdam refuerza su apoyo a cineastas en riesgo y apuesta por el indie de EE.UU. ante la crisis global

En un contexto marcado por conflictos políticos y recortes presupuestarios, el Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) redobla su compromiso con los cineastas desplazados y en situación de riesgo. A través de la colaboración entre IFFR Pro y el Hubert Bals Fund (HBF), el certamen holandés se consolida como uno de los pocos espacios seguros para creadores afectados por guerras, censura o persecución. La nueva edición del mercado profesional llega con iniciativas específicas para proteger talentos vulnerables, al tiempo que reactiva vínculos con el cine independiente de Estados Unidos, América Latina y Asia.

Marten Rabarts, jefe de IFFR Pro, recordó el impacto emocional del año pasado y la urgencia de actuar: “Sentíamos que el mundo estaba en llamas”, explicó. “Se trataba de preguntarnos: ¿cómo apoyamos a los cineastas? Ha pasado un año y las cosas solo han empeorado. Para nosotros estaba claro que dar visibilidad a esas historias debía ser una prioridad”. De esa reflexión nació Safe Harbor, un programa que elimina exigencias financieras mínimas para facilitar la entrada de realizadores desplazados que no pueden acceder a fondos tradicionales ni redes profesionales.

Desde el Hubert Bals Fund, Tamara Tatishvili subrayó que estas decisiones responden a cambios concretos y no a simples discursos: “Estamos experimentando e innovando porque no se puede trabajar con el mismo modelo durante 50 años. La misión debe ser la misma, pero las herramientas y las alianzas tienen que evolucionar”. También destacó la flexibilidad del fondo para sortear obstáculos legales y de seguridad: “Una de las fortalezas de un fondo como el nuestro es que podemos ser más flexibles que muchos otros financiadores. Tuvimos que ser muy ágiles. Con muchos de estos proyectos tuvimos que considerar problemas serios de seguridad”.

Además del foco humanitario, Rotterdam amplía su estrategia industrial con 41 proyectos en mercado, una renovada conexión con el cine indie estadounidense y una creciente ola de coproducciones del sudeste asiático. Sin embargo, el panorama europeo obliga a buscar nuevas fórmulas de financiación. Tatishvili advirtió: “Con el ascenso de gobiernos de derecha en Europa, los fondos ya no son tan abundantes como antes”. Frente a ese escenario, el festival apuesta por alianzas internacionales y redes solidarias, reafirmando su papel como plataforma clave para el cine independiente global en tiempos de incertidumbre.