[REVIEW] ‘Atomic Heart: Blood on Crystal’ – PS5

Review de ‘Atomic Heart: Blood on Crystal’ por Selena Carrillo

El universo de Atomic Heart llega a su fin definitivo en este 2026 con el lanzamiento de Blood on Crystal, el cuarto y último DLC desarrollado por Mundfish. Esta expansión no busca reinventar la rueda ni cambiar radicalmente lo que vimos en el juego base, sino funcionar como un cierre argumental directo para el arco de P-3, llevándonos a nuevas instalaciones experimentales dominadas por un misterioso cristal.

¿Logra este capítulo final corregir los baches del juego original o se queda en una continuación cómoda?

El cristal como protagonista audiovisual

Si algo hay que reconocerle a esta franquicia desde su debut es su espectacular y hermosa base audiovisual. En Blood on Crystal, el apartado artístico vuelve a ser el absoluto protagonista. El diseño de las nuevas zonas experimentales aprovecha las propiedades del cristal para transformar por completo la iluminación, los reflejos y la percepción del espacio en la PlayStation 5. Es un contenido que entra por los ojos constantemente.

Técnicamente, el RE Engine se comporta de forma similar al juego base: el rendimiento es sólido en general y se nota una clara mejoría en la limpieza de bugs (algo muy criticado en los lanzamientos anteriores), aunque todavía persisten caídas puntuales de frames cuando la pantalla se satura de efectos y enemigos agresivos.

Ajustes en la jugabilidad: Más táctica, misma tosquedad

Para los jugadores más veteranos que buscan un verdadero desafío, el DLC mantiene la exigencia característica de la saga. La jugabilidad no cambia en su esencia, pero introduce armas experimentales interesantes, como un dispositivo de impacto por resonancia cristalina que genera ondas de choque en área, y un rifle de alta precisión. Además, el guante Charles ahora permite interactuar con los fragmentos de cristal del entorno para usarlos como armas improvisadas.

Sin embargo, a pesar de estas adiciones decorativas, los controles siguen sintiéndose algo rebuscados. El combate cuerpo a cuerpo y la gestión de habilidades mantienen esa misma naturaleza tosca y caótica del juego original. Al enfrentarnos a variantes de robots mucho más agresivas y con patrones complejos, la escasez de munición y recursos nos obliga a explorar de forma meticulosa, un proceso que vuelve a pecar de lento entre acción y acción.

Un cierre denso pero poco arriesgado

Con una duración de entre 6 y 8 horas, la expansión cumple con su promesa de atar los cabos sueltos de la historia y resolver el conflicto con la IA. El gran problema es que Mundfish decidió ir a lo seguro. La narrativa se sigue sintiendo por momentos demasiado estirada y lenta, apoyándose de nuevo en misiones de recolección tradicionales que cortan el ritmo de juego.

Es un desenlace competente y necesario para quienes siguieron todo el recorrido de P-3, pero resulta sumamente conservador. No arriesga en su propuesta final ni ofrece una evolución real en la fórmula que nos haga olvidar los puntos débiles que el juego arrastra desde 2023.

Veredicto

Blood on Crystal es un cierre correcto y visualmente potentísimo que consolida la identidad atompunk de Atomic Heart. No va a convencer a los que se cansaron de la jugabilidad tosca y el ritmo lento del juego base, ya que repite los mismos vicios estructurales. Pero para los fanáticos veteranos que disfrutan del combate exigente y quieren ver el punto final de la historia de la mano de un apartado artístico de primer nivel, es una pieza indispensable para completar la obra.

Puntuación: 7/10