Review de ‘The Mandalorian and Grogu’ por @javiercarrizo_cine
Desde una galaxia muy, muy lejana, regresa el universo Star Wars a la pantalla grande. La saga que ya tiene seis décadas en su haber, vuelve al cine de la mano de Disney, la compañía que le ha adquirido la franquicia al mítico George Lucas. Desde que ello ha sucedido, la misma ha superpoblado las plataformas con películas, cortos, series y spin-offs de la orbe, sin haber obtenido hasta el momento, grandes resultados creativos ni económicos. Es por ello que surge la siguiente pregunta ¿es el nuevo film del ciclo la excepción a la regla?
The Mandalorian and Grogu, en esta ocasión dirigida por Jon Favreau, cuenta con un inquebrantable sentido de propiedad, proveniente de todo el mundo desarrollado en las distintas temporadas de la serie, ya que la verdadera distinción de la creación, reside en que el cosmos de Star Wars, es respetado con integridad. No sólo por los personajes que forman parte del mismo desde antaño, sino por cómo se conservan las caracterizaciones del cazarrecompensas y del tierno bebé Yoda (como lo significa el caso), y también porque principalmente, la música compuesta por el compositor, arreglista, músico, y cantautor, Ludwig Göransson (fiel acompañante de lo que respecta a las aventuras del mandaloriano), recientemente ganador del Oscar por la banda sonora original de Sinners, vuelve a ser parte de la cruzada.
Hasta allí todo de pelos, pero eso por lo que se esmera la puesta en escena protagonizada por Pedro Pascal, no se condice con sólidos y suficientes argumentos narrativos. Si bien la aventura de ciencia ficción cumple con los estándares del entretenimiento, el relato clásico diseñado por Jon Favreau, Dave Filoni y Noah Kloor, en esta entrega cinematográfica que continúa los eventos de la serie original de Disney+, se percibe apresurado, y por momentos ciertamente inverosímil.
Uno de los atributos que alcanza en su momento, la escrita en su totalidad por George Lucas, Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza (1977), es justamente el ahínco y el despliegue que su autor logra para con el plan de trabajo tradicionalista (respecto a su prosa), inspirado en la estructura del camino del héroe de Joseph Campbell, publicada por primera vez en 1949 en su libro fundacional El héroe de las mil caras. En esta obra, el mitólogo estadounidense sintetizó el patrón universal de toda aventura mítica, dividiéndolo en tres fases principales: partida, iniciación y retorno. Los guionistas de la producción de Favreau cumplen a rajatabla el bosquejo que deriva del modelo de estructura dramática y literaria postulado por Aristóteles en su obra La Poética (esgrimido y retomado por Campbell como fue señalado), pero el inconveniente se encuentra en que las decisiones que toman para crear los giros del relato, son tan débiles como amilanadas.
Y esto no sólo es atribuible a quehaceres de la estructura dramática, sino a que los sucesos que demarcan la causa y efecto (como característica común de un relato clásico), apelan más a casualidades y arbitrios que además no parecieran incluir un carácter de urgencia. Por lo hasta aquí descripto es que, para la percepción de quien suscribe, la historia en esta ocasión presentada, tiene fallas en su construcción semántica, porque el contenido que alberga la narración es endeble debido a la sencillez con la que se resuelven los giros de la misma.
La situada cronológicamente después del Episodio VI, ubica a Din Djarin (el mandaloriano) y su compañero Grogu, en un contexto en el que el Imperio ha caído, y en el que los señores de la guerra imperiales siguen dispersos por toda la galaxia. Mientras la incipiente Nueva República trabaja para proteger todo por lo que luchó la Rebelión, la representante de la misma, la Coronel Ward interpretada por la siempre vigente Sigourney Weaver, recluta la ayuda del legendario cazarrecompensas, para que éste dé con el paradero de Rotta, el hijo de Jabba, a pedido de los gemelos Hutt. Con la finalidad de responder la pregunta con la que cierra el párrafo inicial, es posible determinar, que en el marco de un monomito que se respeta como lo exige el precepto, y que implica un conflicto dramático debilitado en su sentido lógico, The Mandalorian and Grogu brilla por remitirse al universo de uno de los artistas más importantes de la contemporaneidad, pero sufre el hecho de que la franquicia, ya no sea atribuible a su pertenencia.