Review de ‘Atomic Owl’ por Federico V.
El plataformeo de acción tiene un nuevo exponente que entra directo por los ojos y los oídos. Atomic Owl llegó a PlayStation 5 combinando la estética cyber-ninja con un ritmo frenético. En Con Pochoclos nos pusimos las plumas de Hidalgo para contarte si este viaje de neón cumple con lo que promete o si se queda a mitad de camino.
Lo primero que te va a volar la cabeza de Atomic Owl es su apartado artístico. El juego maneja una estética pixel-art neón impecable, que logra ser sumamente colorida sin llegar a saturar la vista ni recargar la pantalla. A esto lo acompaña una banda sonora synthwave que es una locura total; de esas que se te quedan grabadas en la cabeza y no podés parar de tararear mientras jugás.
En lo estrictamente jugable, el título es redondo: el combate rápido con la espada demoníaca se siente espectacular y los desafíos en las salas de plataformas están muy bien diseñados. Es un juego sumamente entretenido, que se pasa rápido pero que no te regala nada: ofrece esa dificultad justa y desafiante, como debe ser en el género.
El único punto donde el juego genera dudas es en su estructura. Aunque se promociona con elementos aleatorios, la realidad es que los niveles se repiten idénticos en cada intento. Debido a este diseño de escenarios fijos, la experiencia termina sintiéndose mucho más como un plataformero lineal tradicional que como un roguelite con generación procedimental.
Si entrás buscando esa rejugabilidad infinita y cambiante típica de los roguelites, te podés llegar a decepcionar un poco. Sin embargo, si lo tomás como una aventura de acción y plataformas lineal bien pulida, la estructura no empaña para nada la diversión.
Atomic Owl es una joyita audiovisual que gana por su jugabilidad fluida, su música adictiva y un desafío que te mantiene pegado al joystick. A pesar de que su faceta roguelite se diluye al repetir escenarios idénticos, la genialidad de sus combates y el diseño de sus plataformas hacen que valga totalmente la pena cada partida en PS5.