[REVIEW] ‘Obsesión’ (2025)

Review de ‘Obsesión’ por @javiercarrizo_cine

Para sorpresa de nadie el industry plant cinematográfico del año, no es realmente lo que su campaña de marketing de preestreno anuncia antes de su debut en salas. El actor, comediante, y exitoso you tuber, Curry Barker, se posa sobre una advertencia respecto al deseo como premisa, para adentrarse en los días de una obsesión tóxica, y de una pareja despareja.

Bear (Michael Johnston) es un joven que tiene un amigo y una amiga, que además (casualidad o no que suena más a un arbitrio que a otra cosa), son compañeros de trabajo en un comercio que vende instrumentos musicales. Estos son Ian (Cooper Tomlinson), y Niki (Inde Navarrette), o la chica de sus sueños. Pero hay algo más. Sarah (Megan Lawless), que es la chica “sana” con la que realmente debería vincularse afectivamente el protagonista, también es compañera suya del trabajo. O sea, el extenso universo de estos jóvenes se remite únicamente a una tienda de música, desafiando así el verosímil de un relato con pocas luces. A todo esto sucede que Bear es fachero (el star system del indie no hubiera permitido que esto sea de otra manera), pero es tan tímido y vergonzoso que no se levanta ni a la mañana. Su anhelo romántico por “Freki Niki”, su compañera y amiga a la que ha idealizado, lo lleva a realizar un hechizo (sin querer queriendo), en el que al partir un “Sauce de los deseos” y exclamar por su ansia, esta misma se cumple, pero, ¿a qué costo?   Niki se vuelve irracionalmente obsesiva al punto de convertirse en la sombra de Bear, y la expresión de deseo de éste, se transforma en una perturbadora pesadilla. 

La cuestión aquí es que en esta enredadera de humor negro, lo que se juzga principalmente es ¿cuál es la verdadera motivación del autor para concretar y desarrollar esta idea? Y es aquí cuando la alegoría sobre la cosificación de las relaciones románticas y de los límites a los que estamos dispuestos a cruzar por el desmedido deseo, se incrusta con una realidad que no demuestra datos duros en los que una estadística permita reconocer la preocupación que moviliza a Curry Barker en esta práctica cinematográfica.

Más allá de lo descripto, el film de Curry Barker presenta inconvenientes en su continuidad: en la escena que Bear y Niki comparten la cama por primera vez, el reloj digital marca horarios distintos en el mismo, cuando la escena es segmentada en el guion técnico, por el traspaso de un plano a otro. Es correspondiente admitir, que hay cierto buen gusto musical a la hora de incluir esas especies de shoegazes gelatinosos que se apoderan de la banda, y que muy superficialmente decoran el  desparpajo narrativo/visual.

Obsesión es una película que tibiamente incursiona en convencionalidades del género, para circunscribirse en una categoría que no la representa, y que por más que la industria tenga el deseo de inflarla y de catalogarla como “la mejor película de terror del año”, quienes aman y disfrutan del buen cine, podrán argumentar lo contrario.