Review de ‘Kiborg’ por Federico V.
Si buscás acción pura, Cyberpunk de alto voltaje y un bucle de juego que te vuele la cabeza, Kiborg llega para meterle adrenalina a tu PlayStation 5. En Con Pochoclos nos calzamos los implantes biomédicos y salimos a repartir piñas en este roguelite de acción que promete sangre, sudor y mucho metal.
Lo mejor de Kiborg está, sin dudas, en sus mecánicas de combate. El juego te tira a la cara una cantidad impresionante de combos y opciones que hacen que cada enfrentamiento se sienta dinámico. La variedad de arsenal es genial: tenés armas primarias, secundarias y de cuerpo a cuerpo que se combinan a la perfección con la joya de la corona: los implantes biomédicos. La personalización es tan profunda que, si lográs encontrar la combinación justa de mejoras biológicas y fierros, te convertís en una auténtica máquina invencible de matar. Además, el desfile de villanos, jefes medios y el jefe final te obligan a estar atento a cada movimiento.
Pero como en todo buen implante, a veces hay rechazo de tejido. El principal tropiezo de Kiborg es que se vuelve repetitivo rápido. El camino desde el inicio hasta el jefe final es siempre el mismo; la historia avanza y la dificultad sube, pero no hay niveles nuevos como tal, sino que terminás jugando los mismos escenarios una y otra vez.
El dato: Esta falta de sorpresas se traslada al Modo Arena. Aunque son varias oleadas intensas, los enemigos se repiten y te queda esa sensación de que falta un giro de tuerca, un desafío mayor o un pico de dificultad mejor diseñado, ya que por momentos la dificultad se siente muy desbalanceada.
Por último, los fanáticos del gore van a notar un detalle: si bien hay una buena dosis de sangre en los combates, para la estética tan cruda que maneja el título, se siente que podría haber un poco más de brutalidad visual en pantalla.
Kiborg es un roguelite sumamente entretenido, ideal para los amantes de los combos complejos y la personalización extrema de personajes. Aunque sufre por la falta de variedad en los niveles y un balanceo de dificultad que necesita pulirse, la satisfacción de armar una build indestructible y machacar jefes a base de pura habilidad compensa sus baches.