[REVIEW] ‘Priest Simulator: Vampire Show’ – PS5

Review de Priest Simulator: Vampire Show por Selena Carrillo

Priest Simulator: Vampire Show es una propuesta que, sobre el papel, desborda originalidad. Controlar a un vampiro que debe fingir ser un cura en un pueblo polaco decadente suena a la premisa perfecta para una comedia negra. Sin embargo, la ejecución de este título de Asmodev camina sobre una línea muy delgada entre lo absurdamente genial y lo frustrantemente injugable, una línea que, para muchos, se rompe apenas al iniciar la partida.

Desde el primer contacto, el juego te lanza a un mundo sin guías claras. La ausencia de un tutorial efectivo y una estructura de misiones poco intuitiva hacen que el primer nivel se sienta como un muro infranqueable. Para un jugador que busca una experiencia fluida, encontrarse con mecánicas de combate y gestión que no se explican -y que dependen excesivamente del ensayo y error- convierte lo que debería ser humor en una experiencia desesperante y difícil de seguir.

Visualmente, el juego apuesta por una estética de “falso documental” con personajes que parecen muñecos de madera. Es una decisión artística arriesgada que, si bien busca reforzar lo grotesco de la sátira, puede resultar poco atractiva o incluso desagradable para quienes no conecten de inmediato con su propuesta visual. Este estilo, sumado a una interfaz que a veces entierra información vital, hace que maniobrar por San de Ville sea una tarea cuesta arriba.

No obstante, no todo es sombra en esta parroquia. El punto más fuerte y rescatable es, sin duda, su apartado sonoro. La banda sonora, a cargo de la banda polaca de black metal Gruzja, aporta una energía cruda y auténtica que encaja perfectamente con la ambientación europea del título. Es quizás el único elemento que logra mantener cierta cohesión en medio del caos de mecánicas.

En conclusión, aunque Priest Simulator: Vampire Show ha cosechado elogios por su irreverencia y su sistema de combate dual, es un título que no perdona al jugador casual. Su falta de claridad, una curva de dificultad mal ajustada desde el minuto uno y una estética que no es para todos los gustos lo convierten en una recomendación difícil. Si no tienes una paciencia infinita para descifrar sus mecánicas por tu cuenta, es muy probable que cuelgues los hábitos mucho antes de ver el primer milagro.